domingo, 8 de febrero de 2015

¿Dónde están los míos?

Los tiempos convulsos abren oportunidades, cierto. Para lo mejor y para lo peor. He oído otras veces que se abrían ventanas y he oído a otrxs que esgrimían los mismos argumentos de hoy. Parecían "buenxs", modernxs, guays. El tiempo luego mostró que eran pura pose y que sólo buscaban sillones propios. Los hubo también sincerxs en esa marcha, aunque luego comprobaron que allí donde iban tampoco conseguían cambiar nada. 
Sé de sobra también que las organizaciones a veces generan inercias difíciles de cambiar y que no siempre es bueno lo que se ha hecho toda la vida. Soy docente y me desesperan los claustros inmovilistas, siendo que los docentes debemos creer y practicar que todo se puede cambiar y mejorar. También sé que en esta parte hay quienes defienden sus sillones y quienes defienden los principios que han fortalecido y engrandecido un colectivo, una organización. 
Entre todo este barullo , sigo sin poder ver a los míos. Los necesito, porque solos nos vamos y ganan los de los sillones, los que los quieren conservar a toda costa y los que los quieren conseguir caiga quien caiga.
No me gusta que esto se presente como una competición, porque la izquierda es cooperación o no es
Confio en los que siempre han resistido y por eso quiere escucharlos. No es cosa de viejxs o jóvenes, es cosa de gentes de principios y de luchas de siempre. 
Entiendo y soporto la incertidumbre en los resultados, pero no la soporto en la gente de la que fiarme ni en los principios que han de regirme. Y la solución no puede estar en mi soledad, eso seguro, porque el individualismo es el triunfo del auténtico enemigo: el capital.
Escribo conforme me surgen las cosas y lo hago como desahogo.

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